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Whatsapp

WhatsApp: la nueva plaza pública

02/03/2016

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Ese nombre corto y claro que forma parte de nuestro lenguaje más coloquial se ha convertido en una nueva forma de relación, a veces único modo de relación. El WhatsApp se construye a través del texto y de la imagen como una nueva práctica de relación epistolar vehiculadora de emociones.

A través del WhatsApp construimos no solo nuestra marca personal, sino que enseñamos al mundo nuestro estado de ánimo y momento vital. A través de la foto que insertamos en el perfil (¡¡¡perfil!!!); poniendo morritos, con la melena al viento…en homenaje al gran Bowie, a la tragedia de Paris…. con los hijos, con el perro, en bañador escondiendo barriga… ¡Cuánta información través de una imagen! Estamos depositando y proyectando en esa foto gran parte de nuestra identidad, deseos y expectativas de lo que somos, pero sobre todo de lo que querríamos ser. Esa mamá en relación simbiótica y de fusión con sus hijos, esa persona tímida que no quiere mostrarse y nos presenta a su mascota, el cool que consigue colocar lo que considera su “mejor imagen”. ¡Incluso el que no coloca foto mostrando realmente el temor a ser expuesto y devorado por un ejército de voyeurs! Y es que, además, la foto va acompañada de un asunto, esa frase que intenta transmitir lo que eres y a lo que aspiras en cada momento de tu proceso vital.

Se construye, pues, un catálogo de “contactos”; observándolo bien, en el móvil tenemos “en nuestras manos” a todos nuestros amigos, conocidos y familiares en pequeños compartimentos a modo de cajitas de relación. Todo tan ordenado, bien clasificado, es un gran fichero virtual de personas bajo un efecto homogeneizante y, en cierta manera, asfixiante; nadie puede salir del guión, del formato, del formar parte.

No hay escapatoria. Se trata de un sistema de información que no solo permite una relación a dos, sino que, y ahí viene lo bueno, permite tríos y grandes orgías de relación virtual. Grandes comunidades compartiendo información relevante o simplemente banal.

¡El anonimato y la libertad no existen en el WhatsApp! El famoso doble check azul que delata el mensaje leído; cuántas amistades rotas si no se responde al momento. ¿La última desconexión? Eso sí que delata el colmo del voyerismo y de la intromisión, ubicándose el lector muchas veces en espía (in)voluntario de la actividad del otro. ¿Y la dificultad para salir del grupo? “Pepe salió del grupo” es realmente la exposición y apaleamiento de uno al juicio en la plaza pública

También destaca la desinhibición; el WhatsApp permite hablar, expresarse de manera contundente, “libre” dicen; aunque evidentemente no anónima… ¿está el WhatsApp rompiendo la barrera del superyó? ¡Cuánto trabajo se habría ahorrado Sigmund Freud! Si los psicoanalistas leyeran e interpretaran los diálogos de WhatsApp de sus pacientes, estos se ahorrarían horas de diván. Se ha pasado pues de una frase coloquial, incluso agradable, aunque fuera por compromiso, a una plataforma en la que todos quieren ver y ser vistos.

A partir de la promesa de la comunicación transversal y horizontal, la inmediatez y la posibilidad grupal se están poniendo en juego las relaciones de poder y la libertad individual. “Te tengo en mi móvil, sé cuándo hablas, cuándo desconectas o cómo quieres ser” es una forma de ejercer el poder y de posesión; una relación perversa en relación al poder y la libertad individual; inmadurez diría un psicoanalista, comunicación líquida diría Bauman. Aunque no vamos a ser in-volucionistas, sigamos con el WhatsApp, ¡ya no hay vuelta atrás! ¡Pero tomemos conciencia de que todos estamos jugando a ser el Gran hermano!

Mar Deus
Associate Manager Strategic Research

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  • Kurt:

    “En un tiempo de engaño universal – decir la verdad es un acto revolucionario” – George Orwell

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