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La transformación inevitable de la cosmética tradicional

01/10/2018

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La preocupación social sobre cuán naturales son los productos que consumimos ha dejado de afectar sólo a los alimentos: el nuevo sector al que repercute es al de la cosmética. Se ha disparado la necesidad de volver a los orígenes, de comprar en entornos locales y de saber qué elementos contienen los artículos que entran en contacto con nuestro cuerpo, no sólo por la vía oral.

¿A quién afecta esta tendencia?

Como en todas las corrientes, la cosmética natural tiene fans y detractores. A las Baby Boomers, por ejemplo, les cuesta creer en los beneficios de la naturaleza. Crecidas en un contexto menos presionado, aprendieron a maquillarse a través de sus madres o de otras amigas, y entonces no existía el mismo nivel de preocupación por la piel que ahora. Acostarse sin desmaquillarse, usar la misma crema hidratante independientemente de la edad y aplicar crema solar sólo en verano eran algunos de los hábitos comunes durante los 90 que no sólo no alarmaban a nadie, sino que estaban totalmente normalizados.

La Generación Millennial ha entendido de forma diferente los cuidados cosméticos gracias a los avances que ha habido en cuestión de ciencia, a las posibilidades que brindó Internet y a la importancia que se le ha ido dando a la piel (sobre todo en caso de prevención de problemas). No cabe duda de que las millennials han abrazado la cosmética natural, aunque siguen dándole importancia al precio del producto y no han dejado de utilizar marcas clásicas que les resultan familiares (aunque no cumplan con la premisa de tener componentes naturales).

La Generación X es la más propensa a usar estos productos: dispone de menos independencia económica, pero en caso de tener recursos sí que opta por comprarlos. Anunciada por las influencers, la cosmética natural ha encontrado su legión de partidarias incluso sin haber probado el producto: es decir, guiándose sólo por recomendación y comprándolo por Internet.  La conversación sobre la cosmética natural en estas chicas se entremezcla también con la alimentación, asumiendo que “todo lo natural que está en contacto con nuestro cuerpo generará un efecto positivo”. Las cápsulas que ayudan a tratar la piel son un artículo habitual para esta generación.

Diferentes perfiles hacia la naturalidad

Dentro de la propia corriente existen diferentes tipos de consumidoras. Las hay que se apoyan también en la tecnología, porque creen cada vez menos en los productos que ofrecen “problema-solución”. Prefieren la tecnología respetuosa a las cremas que prometen eficacia. En su caso, la cosmética natural es un complemento más dentro de la rutina que llevan a cabo cada mañana y cada noche.

También como suplemento las usa el perfil más flexible dentro las fans de la cosmética natural. En este caso, se centran en buscar artículos que contengan el mínimo número de químicos posible, pero no renuncian a los productos tradicionales de toda la vida. Vienen de una cultura en la que más que prevenir, se buscaba poner soluciones a los problemas que ya estaban desarrollados (arrugas, manchas en la piel, bolsas en los ojos, etc).

Las seguidoras más entusiastas, sin embargo, eligen todos los productos que compran con composición natural. Son expertas avanzadas en el tema, saben descifrar las etiquetas, confían en los certificados y creen ciegamente en el cuidado de la piel. Bajo su punto de vista, es un órgano que necesita tantos cuidados como los demás porque está expuesto al exterior.

¿Hacia dónde se dirige esta transformación?

El cánon de belleza actual se acerca cada vez más a la naturalidad de las personas. La disposición a lo impostado ha disminuido drásticamente, cambiando además la percepción de aquellas mujeres que se muestran tal y como son. Las arrugas han dejado de estar mal vistas porque significa que ha habido una expresión de las emociones, salir sin maquillaje se asocia a seguridad en una misma y cada vez hay mayor aceptación del cuerpo más allá de las medidas, como demuestran las modelos de diferentes siluetas en múltiples firmas de moda.

En definitiva, se aprecia más la salud que la apariencia: más vale una piel con arrugas generadas por sonrisas que un cutis perfecto.

 

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